Es un mortuorio o pueblo desaparecido, que se ha mantenido desde el medievo en la jurisdicción de Arrazua, hasta la actualidad que pertenece al Ayuntamiento de Arrazua-Ubarrundia; pero, separado del mismo, como una isla entre las jurisdicciones de Vitoria (límites con Junguitu, Lubiano, Matauco ) y Elburgo (Arbulo).

Lo que hoy nos queda es la ermita del poblado de Ania (perteneciente en la Alta Edad Media, a la Hermandad de "Harhazua") de la cual ya se hace mención en la lista de los pueblos de la provincia que tributaban al Monasterio de San Millán de la Cogolla en 1025, y que se conoce como la Reja de San Millán, se cita a la entonces Iglesia de Ania juntamente con Junguitu, que pagaban 3 rejas, lo que quiere decir: que se pagan una reja por cada diez casas, siendo la reja el equivalente a un lingote de hierro desbastado en la forja.

Otra fecha de referencia que sobre Ania tenemos en el medievo, es con motivo de la pujanza económica y social de la villa de Vitoria, amparada por los reyes, y que en ese tanteo se impondrá en la política, economía y hasta en la participacón de los diezmos eclesiásticos que sobre las aldeas circundante imponia, y estas se repliegan a la defensiva. Así aparece Ania entre los sesenta pueblos de aldeas de la Llanada , en la carta de la concordia del obispo D. Jerónimo Aznar y el cabildo calagurritano-calceatense en 1227, dentro del arcedianato de Álava y arciprestazgo de Vitoria, (es de los que reconoce al obispo).

 

En el siglo XIII y primer tercio del siglo XIV entran en la Historia, los principales linajes de la Llanada, participando en la Reconquista. Entre ellos, Los Mendoza, Los Guevara, Los Coladros... así mismo hay pueblos que aportan sus "donadíos" al rey para las campañas contra los moriscos. Por esta razón, para la Toma de Tarifa en 1295, Ania dona 250 maravedís, como así aparece en las cuentas de D. Juán Ferrador, "cobrador o alfardero" natural de pueblo de Los Huetos.

Por los vestigios hallados en los alrededores de la ermita de Ania podemos deducir que la Edad Media no fue su primer poblamiento, los restos de cerámica romana nos hace suponer (porque no ha habido un estudio arqueológico) que hubo un habitat romano, al que puede deberse el nombre de Ania, de origen impreciso, que entre otros intelectuales, Caro Baroja relaciona con una base antroponímica, que aporta el nombre personal ANNIUS, por otra parte, M.L. Albertos también ve una relación con el antropónimo Ania.

A partir del siglo XIV el nombre de Ania desaparece de los documentos, como consecuencia del despoblamiento que debió producirse sobre esta fechas, y que sucedió con varias aldeas de la periferia de Vitoria, provocada por la importante vitalidad y autoridad que esta ciudad estaba consiguiendo, acrecentada por Alfonso VIII y Alfonso X, y que venia afirmándose como cabeza de las aldeas circundantes.

Otro documento de importancia inconmensurable para nuestra provincia es el "Libro de visitas del Licenciado Martín Gil", elaborado en el 1551. En este libro Ania no aparece documentada, aunque indudablemente existe la iglesia, es de suponer que D. Martín Gil no la catalogó, ni la mencionó por ser en este momento un lugar arruinado.

Además de la existencia probada documental y físicamente de Ania, son importantes a destacar la reflexiones que hizo Iñaki de Birgala en la Revista Gastéis en 1983: "Al haberse efectuado la concentración parcelaria y variado la estructura de sus fincas y vías de comunicación han desaparecido los antiguos caminos que daban fé de la existencia de una población. Una norma que se cumple en casi todas las localidades es la de disponer de un camino que las comunique con pueblos cercanos. Así ocurrió con Ania, según podemos comprobar en la fotografía aérea del Servicio de Catastro de 1932 y que aquí reproducimos. En ella se observa la existencia de caminos que, de forma radical, partiendo de la ermita (donde presumiblemente se encontraba la población) se dirigían a todas las localidades de su entorno".

Otro dato que nos aporta: "La toponimia del término de Ania sólo cita escuetamente a Ania; sin embargo en los pueblos colindantes, encontramos dos topónimos que nos indican algo más: Aniartea (hasta Ania), situado en Junguitu, y Aniaburu (comienzo de Ania), localizado en Matauco. Lo que ambos topónimos significan está de acuerdo con su emplazamiento".

Además de estos dos topónimos aparecen otros relacionados con el lugar y que se encuentran en los pueblos colindantes como: Aniabide (labrantío de lubiano), Aniabidea (mojonera de Lubiano), Aniguti (labrantío de Junguitu), Aniaostea (labrantío de Junguitu).

En la Edad Media las personas, especialmente las nobles, eran conocidas en base a tres elementos nominales: el nombre de pila, el patronímico y el toponímico. El patronímico es la derivación del nombre de pila del padre, el toponímico corresponde, por su parte, al solar, casa o torre donde se consideraba estaba el tronco del linaje. Como todos los pueblos alaveses, su topónomo, sirvió para apellido de sus habitantes y así se encuentra en documento de 1576, entre otros un cantero llamado Juan González de Ania.

Después de dos siglos sin tener referencia sobre este lugar, vulve a aparecer en un documento fechado en 1516-1517 con motivo del amojonamiento de las tierras del Duque del Infantando, como así se desprende del documento: "los lugares de Çurbano e Arçubiaga qe.son del duque del ynfantado e confinan lugar de gamarra e los lugares de Vetoñu e arcaute e arcaya e ylarraça junguitu qe.son de la dha Ciudad ela iglesia qe.dizen de anya qe.es del dho duque qe.confina conlos dhos lugares de junguitu e ylarraça e co los lugares de matauqu e lubiano..."

A finales del siglo XVI, volvemos a tener referencias del lugar, como así nos lo hace saber D. Ángel Ibisate: "Ania reaparece documentada como un despoblado y reducida a ermita su iglesia parroquial; ermita con personalidad propia y sus propios libros de fábrica, el primero de los cuales abierto en 1594 (cuyas cubiertas son un viejo pergamino, parte de un libro litúrgico, con curiosas notaciones musicales) se encabeza así: "libro de cuentas de la Iglesia des despoblado de Sant Martín de Ania de los provechos que la dicha Iglesia tiene del año 1577 y desde adelante".

En documentos de la comunidad de Ania, se refleja la importancia que ya tenía en tiempos antiguos, datando, por ejemplo, el 10 de Abril de 1719 en el pórtico de la ermita de S. Martín de Ania, un acuerdo entre cuatro pueblos (Arbulo, Matauco, Luniano, Junguitu) "para conferir y deliberar cosas del servicio de Dios y utilidad y gobierno de dicho término".

En la actualidad el término de Ania es de una cinco hectáreas labrantías, es una llanura bien delimitada por 10 mojones que marcan su jurisdicción. En cuanto a la ermita, es un edificio reformado, pero que mantiene algunos restos románicos, testigos de la época en que fue construida. Pero el tema que más nos inquieta de este lugar, es ¿porqué a pertenecido ya desde tiempos pasados a la Hermandad de Arrazua, siendo una isla dentro de la jurisdicción de Elburgo y Vitoria-Gasteiz? ¿qué hechos han sucedido a lo largo de la Historia para que permaneciera en esta Hermandad?. Hasta hoy, no se ha podido encontrar ningún documento o dato que nos ayude a despejar esta incógnita.

Lo único que suponemos es que hubo intereses muy fuertes en el seno de los Linajes más poderos de la Provincia, y Ania se hallaba en la jurisdicción de una de las Hermandades, en la de Azua que pertenecía a las llamadas "Tierras del Duque".

Al constituirse los ayuntamientos, la Hermandad de Azua pasa a ser el Ayuntamiento de Azua, y el territorio de Ania se sigue perteneciendo a este Ayuntamiento. Aunque podemos constatar documentalmente en dos escritos dirigidos por parte del entonces Alcalde de Elburgo, D.Nemesio Zárate, a la Diputación Foral de Álava, en un intento expansionista, de incluir Ania al Ayuntamiento de Elburgo, hubo una negativa por parte de la Entidad Foral, los escritos de 1886 dicen:

"Que habiéndose declarado por la Excma. Diputación repetida, por decreto de treinta y uno de marzo de mil ochocientos ochenta y seis, como lérmino jurisdiccional de Arrazua el término mortuorio de San Martín de Ania, varios vecinos del pueblo de Arbulo se han dirigido a mi autoridad implorándome se les elimine de la estadística varias fincas que tienen hecha la declaración en este Ayuntamiento y que por orden del Alcalde de Arrazua , han tenido que hacer la declaración ante aquel Ayuntamiento, a fin de que satisfagan la contribución que corresponda".

En Mayo de 1887 el Alcalde de Elburgo vuelve a enviar otro escrito a la Diputación Foral de Álava que dice:

El Alcalde del Ayuntamiento de Elburgo acude a V.E., manifestando que varios vecinos del pueblo de Arbulo que tienen fincas en el término de San Martín de Ania las han registrado en dicho Ayuntamiento y que habiéndose declarado por acuerdo de V.E. fecha 20 de Mayo de 1886, que dicho término mortuorio pertenece a la jurisdicción de Arrazua, este Ayuntamiento ha obligado a dichos vecinos de Arbulo a contribuir en el por la riqueza imponible que dichas heredades representan, solicitando a mérito de lo expuesto la rebaja correspondiente a Elburgo y el aumento a Arrazua.

A día de hoy, la ermita no está asociada a una sola parroquia como es lo habitual, sino que lo está a cuatro parroquias: las de los cuatro pueblos confinantes Arbulo (Ayuntamiento de Elburgo), Junguitu, Matauco y Lubiano (Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz), pero siendo jurisdicción del Ayuntamiento de Arrazua-Ubarrundia.

Aunque dedicada a San Martín, en los últimos tiempos es más conocida como la Virgen de Ania, en cuyo honor se celebran cultos en la mitad de Septiembre. Estos cuatro pueblos , cada año uno, organizan la fiesta, con una romería y una Misa Mayor en honor a ésta cada día mas venerada Virgen de Ania, e incluso han compuesto un pequeño himno de letra de D. Venancio del Val sobre música de D. Luis Aramburu, que dice:

A la Virgen de Ania cantamos
Sus devotos con gran emoción

Hermanados Junguitu y Matauco
Con Arbulo y Lubiano a una voz

 

Danos, Virgen bendita, tu gozo
Danos tu fe, danos siempre tu amor,
A los hijos que tanto te quieren
No les prives de tu protección.