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Ullibarri-Ganboa: Parroquia de San Andrés

Es la única iglesia de todo el perímetro del pantano que ha permanecido en culto tras haber quedado anegado el valle de Gamboa.

Este templo se realizó en un fuerte desnivel, por ello queda un espacio abovedado con acceso desde el exterior, por la parte baja de la cabecera del templo; en el pueblo llaman a este recinto "arca de misericordia" donde se almacenaba en tiempos pretéritos el grano destinado a la ayuda de los feligreses necesitados.

La fábrica es una buena construcción de mampostería, con cabecera cruciforme y ábside reforzado por gruesos contrafuertes. Es de planta de cruz latina con la capilla mayor ochavada. Puede fecharse entre los siglos XV y XVI. La cubierta es de bóvedas nervadas que dibujan estrellas. La cabecera y el crucero son una excelente obra del siglo XVI que es inundado de luz por un vano que se encuentra en el brazo derecho de la cruz, es un amplio ventanal con arco de medio punto moldeado con sus roscas y sus jambas. En las claves de las nervaduras se representas figuras de medio cuerpo, efigies de santos con aureolas doradas (esta iconografía es típica del XVI), en la clave del centro del conjunto se encuentra la figura se San Andrés rodeado por las claves con figuras de apóstoles, fundadores y mártires.

El púlpito es un interesante ejemplar de madera bien pintada y dorada. El antepecho de madera se despliega con seis columnas acanaladas, apeadas sobre unos basamentos con volutas salientes, estas columnas están separadas por seis paneles decorados con óvalos trabajados. El guardavoz es también dorado y pintado en forma de un chapitel compuesto de basamento, cuerpo y remate o acrótera muy decorado , se trata de una pieza barroca.

La torre es de buena mampostería, con silleria en los esquinales y en el campanar. Es de planta cuadrada rematada en cornisa moldulada muy saliente sobre la que se asienta el cuerpo de campanas, abierto en cuatro vanos con arcos de medio punto sin decorar. El remate del campanario, es una cúpula que monta sobre la cornisa, muy volada, del cuerpo de campanas, culmina en una linterna cilíndrica con bola y cruz en lo alto. Es una sobria y esbelta construcción neoclásica, fechada en 1816. Hay cuatro campanas de un metro de diámetro cada una con inscripciones al apóstol San Andrés y Sta. María.

El retablo en esta época no responde a la improvisación o al gusto particular del artista, sino que lo hemos de entender como el soporte de temas sacros sujetos a una ordenación cuya lectura serviría en muchas ocasiones al predicador. Tres son las zonas que se destacan:

La central, en la que suele representarse al titular del templo. La de la derecha o del "Evangelio" que se considera más importante en la jerarquía iconográfica y la de la izquierda o de la "Epístola".

La lectura del retablo comienza de abajo arriba y de derecha a izquierda. Generalmente la zona central posee una lectura autónoma y su independencia se potencia incluso por las líneas arquitectónicas. En el remate del retablo suele aparecer el Calvario. La cruz se suele disponer sobre el cráneo de Adán y todo aparece coronado por la figura de Dios Padre.

Con estas premisas debemos interpretar el retablo de Ullibarri-Ganboa:

  • El retablo Mayor es un buen conjunto del bajo renacimiento, ya en tránsito al primer barroco. Se ajusta al ochavo de la cabecera y, consta de tres calles.

 

  • El sagrario que ocupa el centro del banco, es un interesante ejemplar del siglo XVII. Se trata de un templete expresado en su mitad. En planta sería circular , y en alzado constaría de dos cuerpos rematados en una cúpula. Esta construido a modo de templo donde se guarda el cuerpo de Cristo, esto nos da constancia de que nuestros talladores conocían el tratado de Alberti, concretamente el libro VII de su tratado, donde aparecen las teorías sobre arquitectura sacra que fueron tenidas en cuenta en los siglos XV, XVI y XVII, que resumiendo sus enseñanzas, viene a decir:

"que entre las formas más apropiadas para construir un templo, el elogia la circular afirmando que la naturaleza prefiere las formas redondas. El nido, las estrellas la corteza de los árboles... son ejemplos de esta maestra de las artes en que se presenta la forma circular como la más querida por Dios ya que la empleó en su creación".

Recomienda que los templos deben se circulares y nos pone como ejemplos el "templo de Vesta o el de Helios", que eran circulares e insiste en que debe ser el templo el ornamento más noble de la ciudad y por lo mismo ocupar el lugar más destacado. Extrapolando esta idea del templo al retablo; este templete del retablo mayor esta en el lugar primordial de la calle central , es de una construcción exquisita y recordando los postulados estéticos como marcan los cánones . Por lo tanto se convierte en un diseño de geometría orgánica, culminándose en una cúpula que se apoya sobre un tambor cilíndrico columnado, sin duda esta construcción representa físicamente las ideas manifestadas por Pacioli, que eran comunes en los ambientes artísticos. Se relacionaría mediante la planta y la cúpula el microcosmos con el macrocosmos, señalándose la dependencia de lo humano sobre lo divino; de igual manera se quería señalar la concepción de Roma como centro del mundo cristiano.

En el primer cuerpo del templete las columnas son dóricas y en el segundo cuerpo son jónicas con canaladuras en espiral propias del barroco.

Encima del sagrario en la caja rectangular del centro se aloja la efigie de San Andrés, majestuosa, sedente y en postura muy frontal , al gusto que se impone en la época con figuras colosales, de complexión hercúleas, desbordantes, se abandona el "pathos" expresivista en función de un "ethos" o tensión contenida que se manifiesta mediante los ceños fruncidos, los labios apretados, posturas forzadas y miradas inquisitivas, todo ello ajustado a la "terribilitá" miguelangelesca que confieren a la obra dignidad y persuasión, ideas muy queridas por la Contrarreforma. Todo esto se aprecia en la imagen de San Andrés, titular del retablo.

Por encima de San Andrés y también en la calle central se encuentra enmarcada la efigie de la Inmaculada en la caja central. La talla de la Inmaculada es una pieza interesante dentro de la iconografía inmaculista del primer barroco.

El pintor español que difunde los temas marianos y en concreto "La Inmaculada" es Juan de Juanes. En la Edad Moderna se defendió con firmeza la creencia inmaculista en la península, tomando partido en ella el monarca Felipe IV. Desde tiempos bajo medievales las principales universidades europeas aceptan este misterio inmaculista, e incluso hacían jurar a los estudiantes dichas creencias. Cerca tenemos el ejemplo de Oñate, donde seguían estos planteamientos de Oxford y París, siendo requisito indispensable para alcanzar el grado de doctor y bachiller.

La composición de Juanes difunde un tipo de iconografía mariana que tendrá repercusión en los siglos XVI y XVII y que tiene su procedencia en el "Cantar de los Cantares", el "Eclesiastés", los "Salmos" y el "Libro de la Sabiduría", todos ellos del Antiguo Testamento en los que se inspiraron las conocidas letanías.

La iconografía de Juanes no presenta al Niño, pues se debería manifestar el hecho de que es María la que nace sin mancha y por tanto, al no aparecer el Niño se evita toda equivocación. Su iconografía tiene antecedentes en obras francesas e italianas, en la disposición solitaria de la Virgen con sus manos juntas.

Pacheco, teórico y pintor de finales del XVI divulgara en sus escritos la iconografía inmaculista que será deudora de Juanes. Pacheco analiza la tradición y compone su imagen en función de "El Apocalipsis" señalando tres aspectos importante: que la Mujer estaba revestida de sol, sobre la luna y con una corona de estrellas. Maria es por tanto intemporal, creación de la luz perfecta, de Dios y es un reflejo suyo, como la luna del astro. Que María aparezca sin el Niño para remitirnos a su propia naturaleza virginal, e incluso nos habla de los colores aconsejados el blanco y el azul como los más adecuados para reflejar esa idea de la Inmaculada. Estos aspectos apocalípticos los encontramos perfectamente definidos en la Inmaculada del retablo mayor de Ullibarri Ganboa.

Presidiendo el retablo está la escena del Calvario, en figuras exentas enmarcadas en una gran caja rectangular con frontón triangular al remate y, en él, la efigie del Padre Eterno. En la crucifixión no está ausente el carácter dramático del tema. En la base de la cruz se dispone el cráneo de Adán, y a los lados aparecen la Virgen y María Magdalena, las ideas de humanidad, emotividad y dolor asociada a la Madre y la idea de penitencia y el arrepentimiento asociada a la Magdalena.

En las calles laterales encontramos a San Roque y San Sebastián y las escenas de la prisión de San Andrés a la derecha y la Crucifixión de San Andrés en la cruz de espada en la calle izquierda. En las calles laterales del segundo cuerpo a los lados de la Inmaculada aparecen Santo Domingo y San Francisco y en el exterior encontramos temas marianos relacionados con la imagen que preside esta banda, la Inmaculada. Son escenas de la Anunciación a la derecha y la Visitación a la izquierda.

Este retablo fue erigido por Pedro de Ayala escultor de la última fase del renacimiento, con gran influencia del guipuzcoano Juan de Ancheta que en su obra expresa suficientemente la influencia de Miguel Ángel. El contrapposto, las serpentinas en los ropajes y cuerpos, las anatomías hercúleas y el movimiento en circulo que se desprende de las composiciones, son aspectos que explican la estética del Romanismo y manifiestan sus constantes plásticas.

 

Los retablos laterales son iguales y ocupan los brazos del crucero. Responden a una fase atemperada del último barroco que, apuntando al neoclásico, conservan la decoración de rocalla dorada y otros elementos de gusto rococó. Se construyeron en honor a la Virgen del Rosario y Santa Catalina.

En este apartado diocesano, destacamos que en el libro de visitas del licenciado martín Gil cita tres ermitas anejas a la parroquia de San Andrés, las tres sin renta, dedicadas a Santa Marina, San Vicente y San Martín y la cofradía de Santa Marina. Hay otros documentos que se refieren a la ermita de Santiago existente en el siglo XVI. Hoy ermitas desaparecidas.

La ermita de Santa Marina fue anega por las aguas embalsadas, los habitantes del pueblo señalan como "dolorosa" la pérdida de esta ermita de la que eran cofrades. Tenia un pequeño retablo barroco con tres imágenes: una central de la titular Santa Marina y otros dos Santos. La documentación nos informa que había un altar barroco con una imagen probablemente de Santiago y otro templete y hornacina con otra imagen que podría ser San Vicente. De todo ello solo tenemos constancia de la talla de Santa Marina que se encuentra en el Museo Diocesano. Se trata de una talla gótica tardía, muy estimada y querida en el pueblo.

 

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